“El verdadero amor no pone límites ni limitaciones. Más bien da libertad. Y parte de la premisa de que cada uno de los dos miembros de la pareja es un ser completo por Sí mismo. De ahí que los dos amantes respeten y acepten de forma incondicional las decisiones y comportamientos de su compañero sentimental.
Principalmente porque cada uno hace uso de su libertad con madurez, consciencia y responsabilidad, actuando de la manera que lo considere oportuno en cada momento y frente a cada situación.
La paradoja es que cuanta más libertad y respeto existe en el seno de una pareja, más unión, conexión y fidelidad experimentan los amantes entre sí.
Así es como finalmente pasamos del paradigma del yo al del nosotros, formando un auténtico equipo con nuestro compañero sentimental.
De hecho, el verdadero matrimonio va mucho más allá de cualquier unión de carácter legal, social y económica. En esencia, se trata de un acto simbólico por medio del que dos amantes se comprometen a seguir aprendiendo y evolucionando juntos, convirtiéndose en un espejo el uno para el otro donde ver reflejada la mejor versión de sí mismos.” Borja Vilaseca