¿Está el ganso realmente fuera?
El ganso nunca ha estado dentro; el ganso siempre ha estado fuera. Es un Koan Zen.
Primero tienes que entender qué es el Zen, qué es un Koan.
El Zen no es una religión, no es un dogma, no es un credo. El Zen ni siquiera es una indagación, una búsqueda; no es una filosofía. En el Zen todo es como ha de ser; no falta nada. En este mismo momento todo es perfecto. La meta no está en ninguna otra parte; es aquí, es ahora. Los mañanas no existen. Este mismo momento es la única realidad. En el Zen no hay distinción entre métodos y metas, medios y metas.
Todas las filosofías del mundo, todas las religiones del mundo, crean dualidad. Por mucho que hablen y hablen de no-dualidad están creando en el hombre una personalidad desdoblada. Esa ha sido la mayor calamidad que le ha ocurrido a la humanidad: los “benefactores” del hombre han creado un hombre esquizofrénico.
Cuando divides la realidad en instrumentos y metas, estás dividiendo al hombre, porque para el hombre, el hombre es la realidad más próxima a él mismo. Divides su consciencia: vive aquí, pero realmente no vive aquí; siempre está allí, en alguna otra parte. Siempre está buscando, inquiriendo; nunca vive, nunca es. Siempre está haciendo cosas: haciéndose más rico, más poderoso, más espiritual, más santo, más puro… siempre más y más.
Y esta constante ansia en pos de “más” crea en él ese estado de angustia, tenso, mientras se pierden todo lo que la Existencia ha puesto a su alcance. Le interesa lo lejano, mientras que Dios está cerca. Sus ojos miran hacia las estrellas, mientras que Dios está en su interior. Lo fundamental para entender el Zen es que el ganso nunca ha estado dentro.
Deja que te cuente la historia de cómo surgió este Koan:
Un eminente filósofo del gobierno, Riko, le preguntó una vez al singular Maestro Zen Nansen que le explicara el antiguo koan del ganso en la botella.
– Si un hombre pone un polluelo de ganso en una botella —le dijo Riko— y la alimenta hasta que se hace adulta, ¿cómo podrá conseguir sacar el ganso sin matarlo o romper la botella?
Nansen dio una gran palmada y gritó: – ¡Riko!
– ¿Sí, Maestro? —dijo inmediatamente el filósofo.
– ¡Mira! —le dijo Nansen— ¡El ganso está fuera!
Es sólo cuestión de ver, es sólo cuestión de prestar atención, de estar despierto; es sólo cuestión de despertar. El ganso está en la botella si estás dormido; el ganso nunca ha estado en la botella si estás despierto. Y en sueños no hay ninguna manera de sacar al ganso de la botella. O el ganso morirá, o tendrás que romper la botella. Y ambas alternativas no están permitidas: ni se ha de romper la botella, ni se ha de matar al ganso.
Veamos… un ganso ya adulto, en una pequeña botella… ¿cómo puedes sacarlo? A esto se le llama “Koan”.
Un koan no es un acertijo corriente. No es un acertijo porque no puede ser resuelto. Un acertijo es resoluble; sólo has de buscar la respuesta correcta. La encontrarás. Sólo necesitas algo de inteligencia para encontrar la respuesta al acertijo. Un acertijo no es algo irresoluble.
Un koan es irresoluble; no puedes resolverlo; sólo puedes disolverlo. Y la manera de disolverlo es cambiar el plano de tu ser: del sueño a la plena vigilia. En el sueño, el ganso está en la botella y no hay manera de sacarlo de la botella sin romperla o matar al ganso… en el sueño.
Por eso, visto desde el sueño, el acertijo es imposible. No puedes resolverlo.
Pero hay una manera… que, recuérdalo, en absoluto guarda relación con el acertijo: has de despertar. Eso no tiene nada que ver con la botella ni tampoco nada que ver con el ganso. Tienes que despertar. Tiene que hacer algo contigo mismo. Por eso Nansen no contestó a la pregunta.
Riko le preguntó:
– Si un hombre pone un polluelo de ganso en una botella y lo alimenta hasta que se hace adulto, ¿cómo podrá conseguir sacar el ganso sin matarlo o romper la botella?
Nansen no le contestó, sino que, dando una gran palmada, le gritó:
– ¡Riko!
Ahora bien: esta no es la respuesta a la pregunta; no tiene nada que ver con la pregunta. Es irrelevante, inconsistente. Pero la resuelve; de hecho, la disuelve. En cuanto gritó: “¡Riko!”, el filósofo le dijo de inmediato: “¿Sí, Maestro?” Todo su ser fue transformado mediante un simple truco.
Un Maestro no es un maestro. No te enseña. Simplemente inventa métodos para despertarte. Esa palmada es un método; esa palmada devolvió a Riko al presente. ¡Fue realmente inesperada!
Cuando planteas un koan tan espiritual no esperas que el Maestro te conteste batiendo palmas y gritando: “¡Riko!”
De súbito, es devuelto del pasado, del futuro. De repente, por un momento se olvida del problema.
¿Dónde está la botella? ¿Dónde está el ganso?
Sólo está el Maestro, en una postura extraña, aplaudiendo y gritando a Riko. De repente, el problema desaparece. Ha salido del problema sin siquiera darse cuenta de haberse salido de él. Se ha salido del problema como una serpiente se sale de su vieja piel. Durante un momento, el tiempo se ha detenido.
Por un instante, el reloj se ha detenido. Por un momento la mente se ha detenido. Por un instante, no hay nada. El Maestro, el sonido de la palmada y el súbito despertar. En ese mismo momento el Maestro le dice: “¡Mira! ¡Ve! ¡El ganso está fuera!”. Lo ha disuelto.
Un koan sólo puede ser disuelto; nunca puede ser resuelto. Un acertijo nunca puede ser disuelto, pero sí resuelto. Recuerda pues que un koan no es un acertijo.
Pero cuando la gente acostumbrada a pensar continuamente, a razonar lógicamente, empieza a estudiar Zen, desde el principio dan un paso en falso. El Zen no puede ser estudiado; tiene que ser vivido, tiene que ser embebido, absorbido a través de un Maestro vivo. Es una transmisión más allá de las palabras: la transmisión de la luz. La lámpara es invisible.
Date cuenta… Cualquiera que hubiera observado esa situación — Riko haciendo una pregunta, el Maestro aplaudiendo y gritando… — no hubiera visto en ella nada muy espiritual, no hubiera descubierto una gran filosofía. Puede que se diera la vuelta muy frustrado. Pero algo transpiró, algo que no es visible y que nunca podrá ser visible.
Sólo sucede cuando el silencio del Maestro penetra el silencio del discípulo, cuando dos silencios se encuentran y se unen. Entonces surge el ver.
El Maestro tiene ojos, el discípulo tiene ojos, pero los ojos del discípulo están cerrados. Es necesaria una estratagema, un método, para que el discípulo pueda abrir sus ojos sin que él mismo se esfuerce. Si se esfuerza, no le servirá, porque ¿quién hará el esfuerzo?.
Christmas Humphreys, el fundador de la Sociedad Budista de Inglaterra, uno de los grandes enamorados del Zen en Occidente, el hombre que extendió el Budismo Zen en el mundo occidental, escribe sobre este koan:
“¡Fíjate en la diferencia!” Dice: “Hay un método para abordar lateralmente, digámoslo así, el problema. Para el que tenga una mente racional, resultará un sin sentido y dejará de leer. Los que sigan leyendo esperarán un absurdo mayor, porque el sentido común, los suburbios del pensamiento racional pronto quedarán atrás y la mente será libre en las ilimitadas alturas de su propia alegría inherente. Aquí radica la verdadera solución al problema de los opuestos.
Te lo explicaré. Imagínate un ganso vivo en una botella. ¿Cómo podrás sacarlo fuera sin herir al ganso o romper la botella? La respuesta es simple: ¡Está ahí, afuera!”
No ha captado lo importante: lo ha convertido en filosofía. Primero, Christmas Humphreys cree que el Zen forma parte del budismo y eso es tener un mal comienzo, dar un primer paso equivocado. El Zen no tiene nada que ver con el budismo. Guarda alguna relación con Buda, pero ninguna con el budismo como tal, de la misma manera que el sufismo no tiene nada que ver con el islam, el jasidismo con el judaísmo, o el tantra con el hinduismo. Sí, el tantra mantiene alguna relación con Shiva, el sufismo tiene algo que ver con Mahoma y el jasidismo tiene algo que ver con Moisés, pero no con las tradiciones, no con las liturgias, no con las teologías.
Un Moisés vivo, un Mahoma vivo, son capaces de transmitir algo que no puede ser expresado, pueden mostrar algo que no puede ser expresado, pueden crear una cierta vibración a su alrededor que active la Iluminación de mucha gente, pero sin explicación ninguna, sin pruebas lógicas.
Christmas Humphreys, el fundador de la Sociedad Budista de Inglaterra, uno de los grandes enamorados del Zen en Occidente, el hombre que extendió el Budismo Zen en el mundo occidental, escribe sobre este koan:
“¡Fíjate en la diferencia!” Dice: “Hay un método para abordar lateralmente, digámoslo así, el problema. Para el que tenga una mente racional, resultará un sin sentido y dejará de leer. Los que sigan leyendo esperarán un absurdo mayor, porque el sentido común, los suburbios del pensamiento racional pronto quedarán atrás y la mente será libre en las ilimitadas alturas de su propia alegría inherente. Aquí radica la verdadera solución al problema de los opuestos.
Te lo explicaré. Imagínate un ganso vivo en una botella. ¿Cómo podrás sacarlo fuera sin herir al ganso o romper la botella? La respuesta es simple: ¡Está ahí, afuera!”.
No ha captado lo importante: lo ha convertido en filosofía. Primero, Christmas Humphreys cree que el Zen forma parte del budismo y eso es tener un mal comienzo, dar un primer paso equivocado. El Zen no tiene nada que ver con el budismo. Guarda alguna relación con Buda, pero ninguna con el budismo como tal, de la misma manera que el sufismo no tiene nada que ver con el islam, el jasidismo con el judaísmo, o el tantra con el hinduismo. Sí, el tantra mantiene alguna relación con Shiva, el sufismo tiene algo que ver con Mahoma y el jasidismo tiene algo que ver con Moisés, pero no con las tradiciones, no con las liturgias, no con las teologías.
Un Moisés vivo, un Mahoma vivo, son capaces de transmitir algo que no puede ser expresado, pueden mostrar algo que no puede ser expresado, pueden crear una cierta vibración a su alrededor que active la Iluminación de mucha gente, pero sin explicación ninguna, sin pruebas lógicas.